Esclerosis Múltiple en Latinoamérica: aumento de casos y desafíos en acceso a diagnóstico y tratamiento

La Federación Internacional de Esclerosis Múltiple estima que más de tres millones de personas vivían en 2020 con esta enfermedad en todo el planeta.

En Latinoamérica, la Esclerosis Múltiple (EM) presenta una prevalencia considerada media a baja en comparación con otras regiones del mundo. Sin embargo, en las últimas décadas se ha observado un aumento sostenido de casos. De hecho, entre 2013 y 2020, la prevalencia de esta enfermedad neurológica se incrementó en un 30% en la región.

Así lo detalla un artículo publicado en febrero de 2026 en la plataforma digital Medscape, donde además se advierte la necesidad de profundizar en los factores genéticos y ambientales que podrían explicar esta tendencia al alza de la Esclerosis Múltiple en Latinoamérica.

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“Es importante considerar que la EM es una enfermedad frecuente, pero que hoy cuenta con mejores herramientas para su diagnóstico y tratamiento. Actualmente, el pronóstico de los pacientes puede ser muy favorable, incluso a largo plazo, siempre que esta condición se detecte y trate de manera precoz”, explica el doctor Juan Ignacio Rojas, médico neurólogo especialista en Esclerosis Múltiple del Hospital Universitario Cemic, en Buenos Aires, Argentina.

A nivel regional, países como Brasil y Argentina han reportado un aumento significativo de casos en los últimos años, mientras que Ecuador y Colombia registran las tasas de prevalencia más bajas.

No obstante, persiste la interrogante sobre si este incremento responde a un aumento real de la enfermedad o a una mayor disponibilidad de herramientas diagnósticas y mejor conocimiento clínico.

Brechas en acceso a tratamiento de la Esclerosis Múltiple en Latinoamérica

Uno de los principales desafíos en Latinoamérica es la desigualdad en el acceso al diagnóstico oportuno y a tratamientos de alta eficacia para la Esclerosis Múltiple, especialmente en los sistemas públicos de salud.

Actualmente, la mayoría de los pacientes accede a terapias de eficacia moderada a baja, como el interferón beta, el acetato de glatiramer y el fingolimod. En contraste, tratamientos de alta eficacia —como ocrelizumab o alemtuzumab— suelen estar restringidos a sistemas de salud privados o requieren judicialización para su acceso.

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En Chile, los fármacos de alta eficacia están disponibles para los pacientes a través de la Ley Ricarte Soto, lo que representa un avance relevante en cobertura y equidad en salud.

Según el doctor Rojas, el progreso en el conocimiento médico no es suficiente si no va acompañado de acceso equitativo a atención y tratamiento: “De nada sirve conocer más sobre la enfermedad, cómo diagnosticarla o tratarla, si los pacientes no pueden acceder a una atención y terapia de calidad”.